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Formación

Emprender en educación

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“Deberíamos aprender a vivir, que tiene muchos aspectos, como aprender a ser un abuelo o una madre. Pero la escuela no nos lo enseña. Tampoco a tomar decisiones sobre nuestra vida, aprender valores humanos o decidir qué trabajo nos gustaría”

Roger Schank.El País, 2010

 

Quien esto escribe es el nieto de un emprendedor que a mediados de los años 20, con apenas 12 años de edad y sin apenas educación, dejó a su familia y abandonó su pequeño pueblo para trabajar en Madrid y que, 15 años después, logró abrir un negocio del que vivir. Quien esto escribe es el hijo del hijo de ese emprendedor, que estudió en un sistema de educación (el de la España de los años cincuenta), que quería ser universal pero aún no lo era, pero que pudo acceder a la universidad y trabajar para que sus hijos tuviésemos la educación que su padre no había tenido. Quien esto escribe es miembro de una generación que, por primera vez en la historia de España, accedió masivamente a la educación; es hijo de un sistema de educación pública que ha permitido que hoy el 52,9% de la población adulta haya completado estudios postobligatorios, que tiene una tasa neta de escolarización de un 83,6%, pero que aún tiene un 29,5% de población adulta con sin estudios o solo de primaria, cifra alejada todavía de la media de la Europea (11,7%). Quien esto escribe es, por último, el padre de un niño de solo 3 años que acaba de empezar a estudiar en el colegio público de su barrio.

La educación pública y universal es el gran sueño ilustrado que nunca perteneció a la Ilustración (más allá de los programas de escuelas públicas de finales del siglo XVIII). La primera ley de educación española, la conocida como Ley Moyano, no llegó hasta 1857 y fue construida sobre los grandes principios del moderantismo histórico: gratuidad relativa para la enseñanza primaria, centralización, uniformidad, secularización y libertad de enseñanza. Un modelo que perduró prácticamente sin modificación hasta mediados del siglo XX y que trajo consigo, no solo en España sino en toda Europa, la mayor democratización de la educación de la historia, que, a su vez, produjo el mayor desarrollo económico de la historia de Occidente. A la sombra de este modelo, España, como el resto de países occidentales, desarrolló un complejo sistema de instituciones educativas que posibilitaron una etapa de extraordinaria movilidad social y bienestar.  

Hoy, vivimos inmersos en la que quizá sea la transformación más acelerada y profunda de los últimos siglos. La crisis que padecemos no es sólo de carácter económico, es ante todo una crisis generalizada de todo un modelo social y económico. A la coyuntura económica, debemos añadir la profunda y disruptiva transformación que está provocando la irrupción del mundo digital en los procesos de diseño, producción, distribución y acceso a productos y servicios. El modelo económico basado en la escasez del conocimiento ha llegado a su fin. Su impacto ha llegado también al sector de la educación. Su transformación en los próximos años será tan profunda como la del resto de sectores en los que ya ha sucedido: la música, los medios de comunicación, la banca, la fotografía o las agencias de viaje. La gran diferencia con respecto a éstos no está en el plano de los modelos de negocio, la gran diferencia radica en la enorme relevancia social de la educación y en su enorme impacto como instrumento de solidaridad y redistribución de la riqueza. El reto que tenemos entre manos es ser capaces de asegurar un mecanismo que trabaje en pos de los equilibrios sociales, que garantice la accesibilidad y la igualdad de oportunidades pero que no desatienda las nuevas necesidades de formación que la sociedad digital demanda.

 

El modelo vigente de educación ya no es capaz de dar respuesta a nuestras necesidades cotidianas. Exige cada vez mayores dosis de innovación y creatividad. Está siendo seriamente cuestionado por las posibilidades tecnológicas, por nuestras demandas como ciudadanos y por una significativa reducción de las aportaciones económicas.

Por otro lado, nunca como hasta ahora, ha habido tantas oportunidades para innovar y emprender en educación. Nunca como hasta ahora ha sido tan necesario incorporar talento capaz de cuestionar y proponer soluciones innovadoras a viejos problemas y nuevos desafíos.  Provengan éstas de intraemprendedores que aspiran con transformar desde dentro, o de emprendedores que sueñan con encontrar el dorado educativo al margen del sistema.

No pasa un solo día sin que tengamos noticias de modelos educativos exitosos, del lanzamiento de innovadoras propuestas de aprendizaje y proyectos disruptivos liderados por emprendedores. No pasa un solo día sin que escuchemos hablar de aprendizaje invisible, edupunk, aprendizaje expandido, mobilelearning, autoaprendizaje, aprendizaje desintermediado, ubicuo, permanente, aprendizaje motivado, aprendizaje en habilidades, gamificación y aprendizaje en equipo, motivación, entornos personalizados de aprendizaje y movilidad. Sin que alguien mencione la importancia de aprender haciendo y del lifelonglearning. No pasa un día sin que alguien nos dé noticia de la revolución para la educación superior provocada por los MOOC’s, de la crisis del modelo actual de certificación y de la irrupción de nuevas propuestas de acreditación  de competencias como los ‘badges’.

Las voces provienen desde todos los ángulos: profesores, alumnos, padres, empresarios, políticos, gestores y emprendedores. Las iniciativas surgen desde los autodenominados emprendedores sociales a las administraciones públicas, pasando por grupos de profesores que quieren educar para el siglo XXI o padres que quieren aportar sus conocimientos para mejorar la educación de sus hijos (GeekDads). Los planteamientos van desde los más radicales que consideran que la escuela actual no sirve y hay que derribarla para empezar de cero hasta innovadores programas de investigación sobre el autoaprendizaje de niños en un pueblo remoto de la India. Desde propuestas que afirman que la universidad acaba con la creatividad (UnCollege), hasta interesantísimas iniciativas a favor de facilitar el acceso masivo a la formación universitaria de calidad, de forma gratuita (Coursera). Desde el aprendizaje y la evaluación entre pares (P2P University), a modelos para aprender más allá del aula, donde tú mismo puedes ser alumno y profesor (Floqq). Los proyectos se idean desde el interior de la educación formal pero también o, sobre todo, desde innovadores emprendedores ajenos al sistema educativo. Hay modelos de negocio que buscan los beneficios económicos (Udacity) y los hay que buscan la creación de valor para la sociedad e impulsar el cambio a través de la innovación y el emprendimiento social (AshokaU). Los hay preocupados por el aprendizaje de adultos y los hay por asegurar el aprendizaje a niños en pueblos remotos. Los retos en todos los casos son enormes, las posibilidades infinitas.

Casi todos coinciden en que la actual escuela, dividida y fragmentada por edades, ordenada por materias estancas, que prioriza el estudio de contenidos cerrados, anacrónicos y alejados de la realidad y que continúa priorizando la adquisición de conocimientos al desarrollo de habilidades como la capacidad de reflexión y crítica, está obsoleta.

El gran reto hoy, el apasionante desafío que enfrentamos es ser capaces de integrar todos estos cambios en la educación, al tiempo que ser capaces de resolver sus dos grandes retos históricos: la accesibilidad y la eficiencia. Es tiempo de emprender, es tiempo de emprender en educación.

5 pensamientos en “Emprender en educación

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  3. Extraordinario artículo. Nuestro sistema educativo hoy está totalmente obsoleto, memorizar el contenido de libros no tiene sentido alguno en un entorno en el que cualquier información es accesible en milisegundos a través de cualquier buscador de internet. Innovar en educación es crítico para España si queremos que las próximas generaciones sean competitivas en Europa y en el Mundo.

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